Tu cuerpo tiene un sistema de limpieza interna que funciona 24 horas al día, los 365 días del año. Se llama sistema linfático.
Imagínalo como la red de metro de una gran ciudad. Cuando todo funciona bien, el flujo es continuo: la linfa recoge el exceso de líquido, las toxinas y los desechos de tus tejidos, y los transporta hasta tus riñones para eliminarlos. Tus piernas están ligeras. Tus tobillos, definidos. Tu cuerpo elimina lo que sobra sin que tengas que pensar en ello.
Pero con la edad, la vida sedentaria, las hormonas, el calor… este sistema se ralentiza.
Como un metro en hora punta: cuando los trenes van lentos, los andenes se llenan. La gente se acumula. Nadie puede moverse.